Regina

Regina has deep green eyes and soft brown hair. There was a pause,  a comfortable pause, we both knew what would follow and had to let it build up a little for it to be true. Then she spoke.

        – I’m going to come back.

        – Good for you.

        – You don’t believe me?

        – Sure I do.

        – Thank you.

        – For what?

       –  For helping me.

        – Okay.

        – When I come back I want to buy you a drink.

        – That won’t be necessary.

        – Then let’s go for coffee.

        – Right.

        – I mean it.

       –  I know you do.

        – So? Maybe you can give me your number or something? I don’t think they’ll let me have it if I ask…

        – I think we’re done now.

        – No number?

        – No number.

        – Good bye?

        – Good bye.

She’s 18, got into trouble here and needed repatriation to Germany. I was asked to evaluate her and write up the report for the insurance company. The situation was complicated and required tact and care— she wasn’t easy. All through our first conversation Regina was trying to figure me out, calibrating me, testing me; wanting to know what I wanted to hear, who she needed to be for me to like her. I relaxed and listened; asked a couple of questions, let her do the steering, let her take me for the ride, let her show me how smart she was.  She’s smart, very smart. Knows men and knows how to handle them.

 Last year she spent six months in Spain, living with a boyfriend next to the beach. That boyfriend was 56 years-old. That’s a 38 year age gap.  She smiled, she cajoled, she cried and finally, she was brilliant—just to let me enjoy her cleverness. We talked about violin music and violin players; I had to play catch up but she’d always slowed down if I fell to far back. I knew what she wanted— if, the insurance company could establish she’d knowingly lied to them, it was over, she’d get a tough deal, and would have to pay for all expenses incurred. She needed a break and I let her have it; the Germans would come and pull her out sometime after midnight, I signed the papers. I got a telephone call from a man in Germany; he was brief, I was brief—we both appreciated each other’s brevity.

Maybe she did figure me out.

Dream Number 1

I’m in a passage.

The walls are black, made of what resembles onyx.

I walk forth, into a dark hall which feels vast, I’m naked and there’s a tight collar around my neck with a leather leash attached to it.   Holding the leash is a tall slender woman whose face I can’t make out.  She orders me to move further into the hall and I see two shoulder height clean platforms made of stone forming a type of endless aisle that extends into the darkness.  On the platforms there are golden thrones and on the thrones nude women sit and look down at me with indifference. I am ordered to advance and stand before the nearest one, I look at her feet, she puts one forth and I am to kiss it, then she does the same with the other one.  She smiles and I move on to the next and repeat the procedure with a similar result but notice the smoothness and warmth of her feet as I kiss them.

On the third or forth woman I try to touch her feet with my hands but feel the leash yanked back, I suddenly understand that I am supposed to be looking for someone, for a specific woman whose feet I might have kissed before and who I am to recognize, and at the same time all this is supposed to be a privilege for me, an exception made.

I don’t remember how the dream ended or what it shifted towards…

Bed Knob

So, what is it? Ah, yes. Size. I remember Erika used wonder about it although she never told me at first.  Then, when we’d spent some time getting to know each other and progressing sexually, she really did take a keen interest for it.  I was her first and it was a long working up process up to the point in which we could finally get it all in.  Good sex ensued for both, much of it I think, stemming from the fact that neither of us actually knew what good sex was.     Anyway, I had a single wooden bed and this bed had a low bedpost, with a rounded (look up bed part) at the top. I’d never thought of it much and if you’d ask me neither had she, but one day we were lying around naked and she got up, stood next to it, looked at me, put one foot on the bed and left the other one on the ground and positioned herself over the (look up bed part) and at first only pressed it against her pussy, then slowly started making little circular movements until she finally began lowering herself unto it.   Yes, really.   She made it nearly ¼ of the way down, looked at me with a mixture of pride and surprise and then got off.  I was ready again. We had another round.   I didn’t know then but that was the beginning of a quest for her.   I think that she wanted and needed to know exactly how much she could take into her. A question was born and an answer for it was needed.

Trios.

Sobre tríos.

Leí esta entrada y me quede pensando.

 

Respondiendo a lo que Joan se pregunta según mis términos y experiencias.     Si, creo que una persona, independientemente de si es mujer u hombre, debería probar un trío alguna vez, si es que quiere, claro.

Hay personas que no lo quieren hacer, que no les llama la atención, y aun si tuviesen la oportunidad no lo harían; y hay otras personas que lo quieren hacer, pero nunca se les presenta la oportunidad.   Debe ser un problema cuando hay una pareja en la que uno de ellos lo quiere probar pero la otra persona no.

Mi experiencia con este tema no es de las más amplias pero hay un par de experiencias y situaciones que tienen que ver con el tema.  De adolescente, me llamaba mucho la atención y sentía curiosidad por saber cómo se sentiría hacerlo con dos mujeres a la vez, las historias leídas y la pornografía de distinta intensidad me llevaban a aproximaciones de lo que sería, un mundo en el que toda mujer atractiva es bisexual en potencia y que una vez que ve a otra mujer desnuda no puede resistir el impulso de besarla y acariciarla, y por supuesto, en dichas circunstancias nada les gustaba más que un adolescente casual como yo se acercara a ellas y se uniera al enredo de piernas, brazos y labios para luego terminar ambas entregándose a mi o haciéndome sexo oral simultáneo.   No había malicia o complicaciones en la pornografía de mi adolescencia.

Luego, cuando tenia 19 años ocurrió algo que técnicamente no cumple los criterios de un trío pero se le parece, fue una especie de cuarteto en el que embriagándonos con un amigo y dos amigas surgió el tema del sexo. Decidimos hacer una competencia en la cual se vería cual de ellas lograba hacer que terminásemos antes.   La mía iba con desventaja porqué yo nunca término rápido y encima estaba con tragos.  Era una sala de familia, la casa de una de ellas, en la sala, no recuerdo donde es que los padres habían viajado, pero ambas, entre risa y comentarios, comenzaron.  Estábamos sentados  en sofás opuestos, yo tenia las botas sobre la mesa de café del centro, y ella hacia lo suyo hasta que escuchamos que su amiga hacia un sonido raro, raro, raro, apoyaba ambas manos sobre las rodillas de mi amigo y vomitaba sobre el.  La verdad es que estábamos demasiado borrachos.  Nos pusimos a reír y allí quedó esa competencia.   Después en la noche tuve sexo primero con una y luego con su amiga mientras mi amigo, irremediablemente borracho, dormía junto a ella en la cama.  Paso y ya.

Luego, cuando tenía 20 años estuve con dos amigas de la facultad. O bueno, una era de la Facultad y había cambiado de carrera, los tres borrachos, decidimos irnos a dormir.  Empecé con una y la otra nos decía cosas como que éramos unos degenerados, y que ya nos pongamos a dormir, íbamos desvistiéndonos, y cuando íbamos a la mitad la comenzamos a desvestir a ella, yo la besaba y ella le quitaba la ropa.  Quedamos los tres desnudos, no recuerdo todo muy bien, pero primero lo hacia con una y luego con la otra, y después de nuevo con la primera, turnándolas. Esa fue la única vez que ocurrió aunque volví a estar con  cada una por separado varias veces.

Tiempo después, ya teniendo tres o más años de relación con Erika, antes de casarnos, las cosas se habían vuelto repetitivas y monótonas.   No recuerdo bien como pero surgió la idea de tener un algo parecido a un trío HMH, en el cual sería ella quien sostendría relaciones con otro hombre y yo observaría.  Incluso solíamos tener largas conversaciones en las que planeábamos  donde, como y con quien lo haríamos pero nunca llegamos a concretar ninguno de los planes a pesar de algunos intentos.   En retrospectiva, creo que yo lo quería más que ella.

Más tiempo pasó, mucho más, ya me había divorciado de Erika, y con ninguna de las parejas que tuve después surgió el tema hasta que apareció  Helena. Lo chistoso es que me enteré que ella tenia la fantasía de  hacerlo con dos hombres al mismo tiempo, hacerlo todo, hasta que llegado el momento, ambos la penetrasen, uno por delante y el otro por detrás.  La famosa penetración doble de las películas y relatos de juventud.  Creo que sí lo hubiese sabido antes de que termináramos la relación y nos distanciáramos, lo hubiese hecho, incluso en este momento se me prende algo de solo pensarlo.

Así que sí, creo que es algo que todos quienes sienten interés o curiosidad por aquello debiesen probar.  En mi caso, independientemente de quien sea la mujer, creo que sería mejor con un conocido pero no un amigo.  Si es MMH, creo que sería mejor si hay algo entre ellas y se entienden, aunque no se si es la edad, el interés que me genera no es el mismo de antes, me gusta lo mío y como lo hago y creo que los tríos dispersan la intensidad.

Ya se me hacia extraño.

Este es un intercambio con Helena.  En FB pregunto donde andaba y luego me sugirió que chatearamos por Gmail.  Francamente no sé si hice bien o mal.  Sé que hace tan solo unos meses, o hace un año, habría brincado y le hubiese dicho que me envíe lo que fuera, que yo le daba una revisada, y después hubiese hecho un buen trabajo de revisión con el propósito de impresionar.

¿Por qué no lo hice ahora?   ¿Por qué le dije “ya me extrañaba” en vez de inventar un pretexto que me excusará sin que se enoje? Lo amigos se ayudan los unos a los otros, los amigos se ayudan sin preguntar o inventar pretextos, los amigos se ayudan sin esperar algo a cambio, pero creo que ya fue mucha la ayuda que le di.

Y también está la forma en que lo pidió, dándolo por descontado, puras mañas esta mujer.   Y le tengo tanto cariño que si lo hubiese hecho de forma distinta, claro que le ayudaba, pero no fue así.   Se siente bien ya no estar tan enganchado con ella, pero también un poco triste.  Recuerdo cuando Ilse me contaba todas la privaciones que estaba pasando en Australia, casí espereando que me ofrezca a enviarle dinero.   Esta bien que no lo haya hecho.

Cinco mujeres mayores de 40.

Cinco mujeres mayores de 40 años sentadas en una mesa demasiado pequeña para su grupo en un restaurante de tapas.   Elegantes y delgadas, comen en tenso silencio, nadie les cedió asiento y a nadie le incomoda su incomodidad.   Saben lo que quieren porqué ya no lo tienen, los cuarenta es la última parada antes de llegar a la respetabilidad impuesta.   Una buena reputación, al final de cuentas, no es algo tan importante y cada vez pesa más.