Desde que ella se fue.

Estuve manejando, sin apuro, sin rumbo fijo.   No lo hacía desde que ella se fue. Cruce el tercer puente, avancé sobre la avenida, me detuve a ver desde la altura. Me di la vuelta y vi casas de colores. Volví a subirme a la moto y avancé hacia ellas, subiendo por calles angostas y empinadas. Era media mañana y el día estaba lleno de sol.   No había salido así desde que ella se fue.

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